Al igual que las anteriores publicaciones de la EEA Alto Valle: “Pautas Pepita”, “Pautas Carozo” y “Pautas cerezo”, el presente documento pretende ser orientador para profesionales y productores, así como una referencia para estudios relacionados a procesos de diversificación y reconversión productiva. La actividad vitivinícola en la Norpatagonia tuvo su auge en la década del ´60, con una superficie cultivada de 18.000 ha, principalmente con cepajes criollos y europeos de escasa calidad y sistemas de conducción que favorecían la elevada producción por unidad de superficie, factores que actuaban en detrimento de la calidad del producto obtenido. A partir de los ’80, las exigencias del mercado cambiaron, y los denominados “vinos comunes” perdieron preponderancia. Esto redundó en una disminución drástica del cultivo. No obstante, desde fines de los ’90 se produjo en la región un cambio en la actividad, esta vez con el objetivo concreto, por parte de productores y bodegueros, de adaptarse a las nuevas demandas de los consumidores.