Las especies vegetales con valor para la agricultura y la alimentación son clave para mejorar la productividad y sostenibilidad agropecuaria. Los recursos fitogenéticos apoyan los programas de mejoramiento genético y diversas investigaciones productivas. La diversidad genética, presente en especies cultivadas y sus parientes silvestres, es resultado de la selección natural y humana, permitiendo su adaptación a distintos ambientes. Aunque la conservación in situ es ideal, el Convenio Internacional para la Diversidad Biológica resalta la importancia de la conservación ex situ. Desde 1988, el INTA organiza una Red de Bancos de Germoplasma, distribuidos en diversas regiones de Argentina, para conservar y evaluar especies de interés agrícola, mediante métodos como la conservación de semillas en condiciones controladas y el cultivo in vitro de meristemas.