Argentina es un país urbano y con un fuerte desarrollo del sector agropecuario. La mayor parte de su población, cerca del 94%, vive en ciudades y territorios urbanizados o en procesos acelerados de urbanización. Esto pone de relieve la necesidad de focalizar el interés en la permanente demanda de alimentos para la población y en las situaciones conflictivas – ambientales, productivas, sociales – que se presentan a menudo en el territorio periurbano. Estos territorios de interfase móvil entre el campo y la ciudad fueron ocupados históricamente por sistemas dedicados a la producción de alimentos frescos, intensivos en mano de obra y recursos productivos. Allí se ubicaron la mayor parte de la producción de hortalizas, la producción aviar, la apicultura, y en algunos casos hasta la producción láctea y porcina. En estos territorios se concentran en algunos casos inversiones públicas en sistemas de regadío difíciles de repetir. En el país se reconocen tres situaciones de interfase campo-ciudad que se distinguen por su problemática, potencialidad y desafíos: 1. Los cinturones verdes de las grandes ciudades, cada vez más alejados del centro urbano y desagregados espacialmente 2. Los valles y oasis de regadío donde la matriz urbana-rural presenta una elevada complejidad espacial 3.