Durante este año el Programa ProHuerta cumple 25 años. Esto significa que el Programa ha atravesado diversos períodos de la política nacional, siempre con el afán de acercar a las poblaciones más vulnerables un modo concreto y próximo para mejorar sus condiciones de vida: la huerta como una herramienta de inclusión social. Actualmente desde el ProHuerta, acompañado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y el Ministerio de Desarrollo Social, hemos profundizado sus líneas de acción a partir de la asunción de un proyecto político comprometido con la institucionalización del enfoque de los derechos humanos. Desde el 2003 venimos trabajando no sólo para acortar las brechas que implican las desigualdades sociales, sino también para hacer del estado un estado fuerte y promotor de derechos, que considere a todos los ciudadanos y las ciudadanas de argentina sujetos activos y autónomos, y no “pasivos receptores de beneficios”. El programa ProHuerta muchas veces se ha interpretado superficialmente como un programa que “sólo reparte semillas”, sin embargo estamos en condiciones de afirmar que la huerta ha sido y es una herramienta sumamente valiosa para la lucha contra las desigualdades sociales en pos de la promoción y concreción de derechos: el derecho a una alimentación salu